EL TUTI
El Tuti desde que murió su papá salió a parar la olla.
Hizo changas, limpió vidrios en una esquina y hasta aprendió a malabarear,
pero lo mas seguro eran las billeteras ajenas y en ellas se concentró, así cada
día llegaba a su casa y sus hermanos y su madre comían.
Su mamá limpiaba casas y estaba convencida que el Tuti estaba trabajando
como hombreador de bolsas en una empresa en construcción.
A veces se daban algún gustito como unas faldas a la parrilla con un par de
choris y eso los hacía vivir tranquilos.
El Tuti se dio cuenta que en la zona donde se movía estaban apareciendo
personas de civil con caras de yuta y comenzó a observar mejor los movimientos.
Las cosas no estaban bien en aquella barriada, pero él necesitaba de por lo
menos 3 billeteras al día, para justificar en la casa. Para que su madre no
sospechara. Para esquivar la malaria de este sistema siempre injusto.
La vio pararse en el kiosco, sacó su billetera y compró unos chocolates, se
perfiló y al escupitajo al costado salió en picada arrebatándole la cartera,
sacado en la corrida la billetera y tirando la cartera a un lado, rápido y con
los ojos firmes en no chocarse con nada sacó el dinero y revoleo la billetera
con sus documentos.
Al llegar a la esquina, un civil sacó un arma y al grito de “alto policía”
trató de frenarlo. El Tuti pico hacia la calle y dobló rápidamente la esquina,
de refilón vio que eran 2 los que lo seguían y al doblar la otra esquina se
sacó la campera para despistarlos y volvió a doblar.
Pasó por un campito donde había un partido de futbol y gritó “ pasala,
pasala”. Los pibes entendieron enseguida que esos dos de civil con armas en las
manos corrían al intruso de la cancha.
Uno le dio un pase y el Tuti, la piso, la amasó y de rabona tiró un centro.
En la hora de la siesta se dejó escuchar “ vamooooo Negro con esa rabona”
El Tuti se quedó jugando y vio pasar al rato a los dos policías
agotados y decepcionados porque habían
perdido al delincuente.
Todos miraron a los rati y lo miraron al Tuti, que les guiñó un ojo y se
quedó jugando el picado un rato y se marchó.
Al otro día apareció y se presentó y agradeció la mano que le habían dado.
Los pibes lo invitaron a jugar, eran del Club Barrio Banderita.
Desde ese día cada tarde el Tuti se jugaba un partidito después de
trabajar, hasta que conoció al presidente del Club que le ofreció jugar en el
equipo formalmente.
Tuti le contó la verdadera historia de su vida y el presidente le explicó
que ese era un barrio para hacer que los chicos en su situación zafaran y no
cayeran en la delincuencia pesada ni en la droga o el tráfico. Le ofreció un
trabajo en el buffet, no ganaría lo que ganaba robando, pero podría comer ahí y
hasta su familia unos días a la semana podrían hacerlo. Le habló de blanquearlo
ni bien cumpliera los 18 y de jugar los sábados en la liga, en la primera.
Pasaron 6 años de aquella tarde, el Tuti era un líder para los chicos, una
persona a seguir, siempre dando consejos, siempre ayudando a todos.
A principio de 2018 se cerró el buffet, pero Tuti quedó trabajando de
sereno. En mayo de ese año, decidieron cerrar el club, lo que había venido de
luz y lo que había que pagar las garrafas hacía imposible seguir.
Se hizo una reunión, donde no faltaron reclamos, lágrimas y decepción por
la maldad del sistema que había hecho que el Club Barrio Banderita tuviera que
cerrar sus puertas y se ahogaran los proyectos sociales que los habían
convocados.
En los primeros días de julio de 2018, Tuti fue abatido por la policía,
corriendo con una billetera que no pudo revolear. Los diarios, las radios, la
televisión anunciaron el asesinato de un ladrón. Las autoridades felicitaron al
policía que disparó el arma.
En el velorio se cubrió el cajón con una bandera del Club Barrio Banderita,
con la 10 y el nombre abajo “Tuti”
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