AGUILAR, Poeta de la calle 19
En la zona del regimiento 7, sépase hoy Plaza islas Malvinas en la Plata, convivían varios
crotos.
El Croto es un término perdido en el tiempo, pero ese término hace
referencia a un ministro irigoyenista que se vestía muy,
pero muy mal y su apellido era…Croto. De ahí que la jerga popular, ante una
persona mal vestida utilizaba el término irigoyenista…Un Croto.
En esta zona bajaban Crotos de 19
y 58 y subían de 19 y 44 y no se molestaban. Solían usar largos sacos, los
zapatos agujereados y algunos se cubrían la suciedad de su pelo con sombreros
desformados.
Pero….., el croto que pertenecía a la zona de 58 y 19, siempre hablaba
maravillas del de la zona de 19 y 44. Porqué?, Por que era Poeta.
José María Aguilar era un poeta exquisito, con esa mística que se le
atribuía en el pasado a los Poetas: Bohemios, Desclasados, y Anarquistas.
Nadie sabía a ciencia cierta si era su verdadero nombre o era un émulo
del sobreviviente de la tragedia de Carlos Gardel en Medellín, pero para el
barrio era José María Aguilar, Poeta.
Lucía un sobretodo en invierno y verano, con botones dorados, solapa
ancha y los bolsillos rotos, un pantalón de vestir gris, con un cable como
cinturón. En el final de las mangas se veían los puños de la camisa y por el
cierre de sobretodo el cuello de la camisa y corbata, pero muchos vecinos lo
habían visto desprenderse el sacón para guardar algo en el bolsillo interno y
comprobaron que la camisa no existía y el saco estaba sobre su piel y solo
tenia los pedazos de camisa.
Caminaba acompañado de 4 perros, sucios, pero fieles. Perros que habían
esquivado a la perrera de entonces y él se los llevaba a la casa y les
conseguía huesos para que no sufrieran hambre.
Algunos vecinos decían que había sido un hombre muy elegante, con una familia,
mujer e hijos, y que en un accidente habían fallecido y él había enloquecido y
se había vuelto un pordiosero y que los poemas que escribía eran inspirados en
aquel dolor sin remedio. Nadie sabía a ciencia cierta si Aguilar cargaba ese
drama. Otros decían que era hijo de padres alcohólicos y cuando ellos murieron
el entró en crisis por lo que había vivido de chico y se había venido abajo
como ser humano. Todos coincidían en que su historia era terrible, aun sin
saber bien si era cierto, pero si se podía asegurar que era un gran Poeta y que
había leído mucho y recordaba perfectamente
versos completos de autores universales. Muchos apostaban hasta que
sabía de filosofía.
Aguilar recorría las casas del barrio, tocaba timbre para saludar a los
vecinos y entregarles poemas de su autoría. Cuando esto ocurría a la hora del
mediodía, los vecinos, le entregaban como agradecimiento un sanwich.
“ hermoso su poema Aguilar”
“ gracias por este sanwich”
eran las charlas que a diario se escuchaban en su zona de influencia.
Cada día, el Poeta visitaba una casa distinta en busca de su alimento,
para poder sobrevivir y seguir llenando de poemas las vidas de los vecinos.
Una tarde de invierno, después de una lluvia intensa, Aguilar y sus
perros recorrían la calle 19 y al llegar a la altura entre 48 y 49, cruzó la
rambla y sus zapatos desvencijados no lo acompañaron en sus pasos y patinó en
el barro y cayó con toda su humanidad sobre el asfalto de la 19.
Pasaba por ahí Sandrita, que venía de comprar queso rallado en la almacén
de Iñiguez y rápidamente se acercó al Poeta para ayudarlo a pararse.
Aguilar se sorprendió, porque a los crotos se los tenía en un concepto
muchas veces discriminatorios por su traza, su olor, su apariencia.
Sandrita lo ayudó a incorporarse y al ver que se había lastimado la mano
y raspado la cara en la caída, le pidió que se calmara y la acompañara hasta la
casa, que le iba a dar unas curitas. Los tomó del brazo y caminaron media
cuadra hasta llegar a la casa. El esperó en la puerta y la niña salió con
alcohol y gasas, lo limpió para que no se infectara, según le decía y le puso
unas curitas.
Le pidió que se cuidara y su mamá le dio un sándwich de milanesa que
estaban recién freídas y rebosaban de aromas a cocina de barrio.
Aguilar agradeció y se marchó caminando derechito, pero les llamó la
atención porque su brazo derecho estaba levantado y torcido, como si el golpe
le hubiera afectado y en ese momento no pudiera estirar el brazo.
Durante muchos días no se lo volvió a ver. Pero era común en algún punto
que cambiara de cuadras para entregar sus poemas a cambio de comida.
Un mediodía de martes, con mucho frío, frío de invierno profundo, Aguilar
tocó timbre en la casa de Sandrita, lo atendió su mamá y no pudo evitar la
sorpresa, Aguilar estaba con el sobretodo desprendido y lucía una camisa limpia
y unos pantalones de vestir marrones, impecables, afeitado y peinado, con sus
perros fieles a su lado. le entregó a la mamá de Sandrita un cuaderno Gloria
con espiral
“ este es mi primer libro de Poesías, es un regalo de agradecimiento a
su señorita hija”.
La mamá de Sandrita sorprendida le pidió un momento para hacerle algo de
comer y Aguilar respondió con mucha seguridad
“ Comer?, para que? si un ángel me ha llevado del brazo… si hasta
parecía un novio del brazo de un ángel”
y lo vió alejarse, esbelto, con el brazo derecho levantado y torcido…”
un novio…eso parecía” repetía Aguilar y así se lo vio desde entonces, caminando
por la 19, con sus perros, su sobretodo rotoso, el brazo derecho levantado y
torcido y ante el saludo de los vecinos y el querer saber como estaba,
contestaba
“ como un novio, del brazo de un ángel”
RM