lunes, 16 de mayo de 2016

Cuidado, animales sueltos (13) Aguilar, Poeta de la calle 19 (inédito)

AGUILAR, Poeta de la calle 19


En la zona del regimiento 7, sépase hoy Plaza islas Malvinas en la Plata, convivían varios crotos.
El Croto es un término perdido en el tiempo, pero ese término hace referencia a   un ministro irigoyenista que se vestía muy, pero muy mal y su apellido era…Croto. De ahí que la jerga popular, ante una persona mal vestida utilizaba el término irigoyenista…Un Croto.
En esta zona bajaban  Crotos de 19 y 58 y subían de 19 y 44 y no se molestaban. Solían usar largos sacos, los zapatos agujereados y algunos se cubrían la suciedad de su pelo con sombreros desformados.
Pero….., el croto que pertenecía a la zona de 58 y 19, siempre hablaba maravillas del de la zona de 19 y 44. Porqué?, Por que era Poeta.
José María Aguilar era un poeta exquisito, con esa mística que se le atribuía en el pasado a los Poetas: Bohemios, Desclasados, y Anarquistas.
Nadie sabía a ciencia cierta si era su verdadero nombre o era un émulo del sobreviviente de la tragedia de Carlos Gardel en Medellín, pero para el barrio era José María Aguilar, Poeta.
Lucía un sobretodo en invierno y verano, con botones dorados, solapa ancha y los bolsillos rotos, un pantalón de vestir gris, con un cable como cinturón. En el final de las mangas se veían los puños de la camisa y por el cierre de sobretodo el cuello de la camisa y corbata, pero muchos vecinos lo habían visto desprenderse el sacón para guardar algo en el bolsillo interno y comprobaron que la camisa no existía y el saco estaba sobre su piel y solo tenia los pedazos de camisa.
Caminaba acompañado de 4 perros, sucios, pero fieles. Perros que habían esquivado a la perrera de entonces y él se los llevaba a la casa y les conseguía huesos para que no sufrieran hambre.
Algunos vecinos decían que había sido un hombre muy elegante, con una familia, mujer e hijos, y que en un accidente habían fallecido y él había enloquecido y se había vuelto un pordiosero y que los poemas que escribía eran inspirados en aquel dolor sin remedio. Nadie sabía a ciencia cierta si Aguilar cargaba ese drama. Otros decían que era hijo de padres alcohólicos y cuando ellos murieron el entró en crisis por lo que había vivido de chico y se había venido abajo como ser humano. Todos coincidían en que su historia era terrible, aun sin saber bien si era cierto, pero si se podía asegurar que era un gran Poeta y que había leído mucho y recordaba perfectamente  versos completos de autores universales. Muchos apostaban hasta que sabía de filosofía.
Aguilar recorría las casas del barrio, tocaba timbre para saludar a los vecinos y entregarles poemas de su autoría. Cuando esto ocurría a la hora del mediodía, los vecinos, le entregaban como agradecimiento un sanwich.
“ hermoso su poema Aguilar”
“ gracias por este sanwich”
eran las charlas que a diario se escuchaban en su zona de influencia.
Cada día, el Poeta visitaba una casa distinta en busca de su alimento, para poder sobrevivir y seguir llenando de poemas las vidas de los vecinos.
Una tarde de invierno, después de una lluvia intensa, Aguilar y sus perros recorrían la calle 19 y al llegar a la altura entre 48 y 49, cruzó la rambla y sus zapatos desvencijados no lo acompañaron en sus pasos y patinó en el barro y cayó con toda su humanidad sobre el asfalto de la 19.
Pasaba por ahí Sandrita, que venía de comprar queso rallado en la almacén de Iñiguez y rápidamente se acercó al Poeta para ayudarlo a pararse.
Aguilar se sorprendió, porque a los crotos se los tenía en un concepto muchas veces discriminatorios por su traza, su olor, su apariencia.
Sandrita lo ayudó a incorporarse y al ver que se había lastimado la mano y raspado la cara en la caída, le pidió que se calmara y la acompañara hasta la casa, que le iba a dar unas curitas. Los tomó del brazo y caminaron media cuadra hasta llegar a la casa. El esperó en la puerta y la niña salió con alcohol y gasas, lo limpió para que no se infectara, según le decía y le puso unas curitas.
Le pidió que se cuidara y su mamá le dio un sándwich de milanesa que estaban recién freídas y rebosaban de aromas a cocina de barrio.
Aguilar agradeció y se marchó caminando derechito, pero les llamó la atención porque su brazo derecho estaba levantado y torcido, como si el golpe le hubiera afectado y en ese momento no pudiera estirar el brazo.
Durante muchos días no se lo volvió a ver. Pero era común en algún punto que cambiara de cuadras para entregar sus poemas a cambio de comida.
Un mediodía de martes, con mucho frío, frío de invierno profundo, Aguilar tocó timbre en la casa de Sandrita, lo atendió su mamá y no pudo evitar la sorpresa, Aguilar estaba con el sobretodo desprendido y lucía una camisa limpia y unos pantalones de vestir marrones, impecables, afeitado y peinado, con sus perros fieles a su lado. le entregó a la mamá de Sandrita un cuaderno Gloria con espiral
“ este es mi primer libro de Poesías, es un regalo de agradecimiento a su señorita hija”.
La mamá de Sandrita sorprendida le pidió un momento para hacerle algo de comer y Aguilar respondió con mucha seguridad
“ Comer?, para que? si un ángel me ha llevado del brazo… si hasta parecía un novio del brazo de un ángel”
y lo vió alejarse, esbelto, con el brazo derecho levantado y torcido…” un novio…eso parecía” repetía Aguilar y así se lo vio desde entonces, caminando por la 19, con sus perros, su sobretodo rotoso, el brazo derecho levantado y torcido y ante el saludo de los vecinos y el querer saber como estaba, contestaba

“ como un novio, del brazo de un ángel”
RM

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