… los chicos van cayendo
Y
yo los voy sintiendo
manos
duras que matan
manos finas
que mandan a matar…
Miguel
Cantilo
-La Patria les agradece por la
vida de sus hijos y esperamos que esta sea la última sangre que se derrama por
la libertad de nuestra tierra ...
Todos
se levantaron y se fueron
-Señora....
Señora...
-discúlpeme...
gracias General Belgrano
y caminó a su casa con una carta y el orgullo
en el pecho de aquella condecoración. Los vecinos salieron a recibirla, la
esperaban con el mate y el silencio.
Sus
hijos comenzaron a desarmar la cama de su hermano y el más chico se probó las
botas de cuero que se había comprado Pedro antes de que el ejército del Norte
lo convocara a sus filas.
Su
madre ensayó una sonrisa para no hacer más angustiante el dolor y asintió que
le quedaban bien y que Pedro estaría orgulloso de que las usara.
Angela,
la hija mayor, le prometió a la madre que su próximo hijo se lo daría para que
lo criara y que le pondría Pedro en honor a su hermano.
Los
otro hermanos sentían el deseo de alistarse en el ejército que anunciaba que
cruzaría la cordillera de los Andes y que estaba a cargo del General San
Martín.
Marcos
quería tomar rumbo al norte para seguir a Don Martín Miguel de Guemes, todos y
cada uno de ellos pensaban que en honor a su hermano muerto debían salir a
defender la patria incorporándose a los ejércitos libertadores que estaban
dando batalla al invasor
Aquélla
noche todo era silencio en la casa de Agustina.,
Cuando
apagaron las lámparas solo quedó la vela junto a la virgen y se escuchaban los
sonidos de las lágrimas que caían como balas en las batallas... las batallas
eran intensas según anunciaba la radio y todo indicaba que en pocos días más se
terminaría la guerra.
La
ilusión de un triunfo sobre el ejército inglés se disipaba y Las Malvinas
quedarían en manos del imperio nuevamente.
Agustina
esperaba tener noticias de Pedro y de su regreso a casa, mientras que sus otros
hijos se sentían indignados porque a todas luces había sido una guerra
totalmente injustificada, mas cuando llegaban noticias sobre el estado de las
armas, la falta de vestimenta y la situación en general que habían vivido los
chicos en la isla.
Los
vecinos vinieron a casa de Agustina a decirle que se anunciaba que darían
noticias sobre el destino de los soldados en las instalaciones del Regimiento 7
y toda la familia se apresuró en salir para allí, para saber cuando volverían o
si habían sido tomados prisioneros por los ingleses y deberían esperar 45 días
a que los trajeran al continente.
Por
la calle 19 se veía que miles de personas se acercaban con lágrimas en los
ojos, con el deseo intacto de saber el paradero de sus hijos, con la esperanza
de que estuvieran bien y que no hubieran sufrido ninguna herida.
Agustina
preguntó por el lugar de la información y ante la preguntan de la compañía B,
donde estaba Pedro, le dijeron que en el casino de oficiales estaba la
información.
Al
llegar, un oficial con traje de gala recibía a los familiares a quienes hacían
sentar como para ofrecerles una conferencia
“la
patria les agradece por la vida de sus hijos y esperamos que esta sea la última
sangre que se derrama por la libertad de nuestra tierra...”
Todos
se levantaron y se fueron
Señora...
Señora...
Asesinos...
Roberto
Moscoloni
Del
libro “Historias desde una esquina libertaria”
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