Era
muy difícil… sabíamos que era muy difícil. Volvimos de Rafaella con una
pena…recordábamos la última vez que habíamos ido al descenso, pero primaba mas
la epopeya de la vuelta, de los partidos contra Racing, Flores, Gabriel Pierino
Pedrazzi... epopeya, el Charly Carrió… sentimiento de epopeya era lo que se sentía
pensando en aquella vez, pero esto era distinto… Para salvaguardar la mística
llamé a los compañeros de militancia y todos iban, ahora más viejos, con sus hijos
y esposas y fui hasta la casa de Jorge y María a buscarlos para compartir la
tribuna.
Ellos
vivieron el regreso a la A
desde México, desde el más absoluto silencio del exilio.
Con
las viejas camisetas, la bandera en jirones y el corazón y el sentimiento
intacto nos acercamos a la cancha, a vivir nuestra pasión, nuestro pedacito de
esperanza revolucionaria. Jorge estaba vestido todo de verde oscuro…parecía un
kiwi
Minuto
a minuto fuimos disfrutando cada circunstancia del encuentro, silbido y algunas
puteadas para una concentración policial desconsiderada, el jefe de la
seguridad privada y su camiseta bajo el sacón, las caras de la gente que
esperaban que pasara el momento y que todos nos encontráramos en 7 y 50.
El
pasado y el presente en un instante…mi viejo, que me llevó a la cancha de chico
y me dijo que eligiera, mi amor por la camiseta, mis tardes de pileta, mi
llanto en el 79, alguna novia siguiendo campañas, el penal errado contra San
Lorenzo en la B … y
esta chica rubia que rezaba un rosario y un muchacho que puso una estampita de
la virgen desatanudos y María que insistía en decir
- los partidos hay que ganarlos en la cancha y en la tribuna, no rezando…”
y
nuestras risas con Jorge comentando
- es una marxista clásica, j aja
ja, el opio de los pueblos, j aja ja –
Todo
se hizo silencio, todo fue grito, todo fue ojos, manos, saltos, pero el partido
iba y venía y nada cambiaba. Me dolía escuchar a los de Rafaella que cantaban
tan enérgicos en su evidente regreso a la
A , Pero no había pautas de poder rescatar el partido…
El
flaco de la colita en el pelo me pedía que no me moviera del lugar donde
estaba. María me miraba y me decía
- ¿y?
Mi
hijo se abrazaba a la bandera… las miradas expectantes daban muestra de la
situación. Marcelo Lofeudo sacando fotos en la cancha se agarraba a la máquina
con marcado temor y llegó el gol de Alonso. Muchos no lo pudimos gritar, no
sabíamos si gritarlo…no sabíamos… los corazones pulsaban para que todos fueran
adelante, pero no sabíamos… a los 42.56 el propio Alonso la pifia frente al
arco, pero nadie decía nada, la gente se tocaba, se miraba
El
juego es así, lo que no sucede en muchos minutos sucede en una jugada de Aued a
Niell y gritamos el segundo gol… y Niell tiró una patada voladora eterna cuando
fue a buscar la pelota y nosotros nos abrazamos, nos besamos… recordé a esa
mujer que amo y a quien me hubiera gustado tener a mi lado. Jorge tenía los
ojos llenos de lágrimas y me apretaba el brazo y el mundo paró en el bosque, el
mundo se tiñó de azul y blanco y Cuevitas, como de paseo por la 8 peatonal de
los sábados, paró, enganchó y como viniendo de otro mundo Niell volaba y de
cabeza ponía el 3 a
0
Alguien
que no se desde donde salió me abrazó, yo solo lloraba, solo miraba la cancha
como un chico y pensaba en mi viejo que me dijo “elegí” y sentí que había llegado
el día que esperaba, el grito… ese grito sagrado del hincha…
La
gente se abrazaba, se besaba, volví a pensar en ella en esos momentos y de
pronto Jorge se me acerca y me dice llorando
-cuando
vaya a San Juan voy a llevarle una botellita de agua a la Difunta Correa…
-¿A
quién? dijo María secándose las lágrimas
-a
la Difunta Correa
-¿desde
cuando haces promesas a la difunta correa?
-la
hice hace un ratito
la
gente deliraba en sus festejos, yo escuchaba la conversación entre mis lágrimas
y la risa del planteo de María
-Jorge…
40 años casados y ahora me entero que le haces promesas a la Difunta Correa
-Siiiiiiiiiiii
- gritó Jorge – si, le prometí que si no nos íbamos le llevaba la botellita y
se la voy a llevar-
a
nuestro alrededor la gente saltaba, lloraba, gritaba, perdía el aire y Jorge
acentuaba su discurso
- no nos vamos, carajo no nos
vamos. Gracias Difunta, gracias!!!!!!!
El
“uhhhhhhh” de la pelota que Bisconti hizo rebotar contra un compañero hizo que volviéramos
al partido, el pitazo final, hizo que los abrazos se multiplicaran y que todos saliéramos
de la cancha abrazados, embanderados. Jorge y María caminaban sin hablarse
“El
Opio de los pueblos”… me dije y vi una calle eternamente azul y blanca que
albergaba a miles de sonrisas…
“El
opio de los pueblos”…me dije y apreté bien fuerte la crucecita con mis
iniciales y sus iniciales y ella me vio cruzando plaza San Martín, mientras un
patriota revoleaba la bandera tripera subido al caballo del libertador
“La
sonrisa del pueblo”… me dije y abrazado a Jorge vestido increíblemente de kiwi,
lloramos por la camiseta, que era la alegría del pueblo… y me sentí yendo a la
cancha una noche con mi viejo… y sí viejo, elegí…
RM
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