sábado, 7 de febrero de 2015

Cuidado animales sueltos 2 - (cuentos) DAMIAN

DAMIAN


Desde chiquito, Damián se destacaba cuando encaraba con pelota dominada y se iba al gol, los pibes del barrio le gritaban
“dale Damián, corré, esquivalos, no aflojes… te necesitamos…”
y Damián les daba el gusto y llegaba al gol con pelota dominada
En el año 74 participó de los Torneos Evita y la rompió, ese año  miró el mundial de Alemania y soñaba ser como el Ratón Ayala y se ponía los botines sacachispas y decía “ búsquenme en el barrio, porque en Europa no me consiguen”.
Damián era, además un muy buen alumno y solidario con sus compañeros. Les ayudaba a hacer las tareas para que pudieran salir al recreo a jugar a la pelota.
Su padre era delegado de la UOM de los talleres de Saglio y siempre lo alentaba para que jugara pensando en sus compañeros.
Los sábados para él eran una fiesta se levantaba, desayunaba liviano y a patear a la canchita del barrio. A veces se organizaban y se hacían una escapadita a la Ciudad Deportiva de Boca. Los domingos a la cancha, a la Bombonera, infaltable.
En un campeonato entre barrios, uno de sus compañeros, el Marito, que era el 7 más  rápido, picó al vació tras un pase de Beto y Damián se mandó solo por el medio como número 9. Pero el Marito cuando estaba por llegar a la pelota aflojó el ritmo y cayó redondo contra la línea de cal.
El susto de todos fue terrible y lo acompañaron hasta la sala del barrio. El médico después de hacerlo reaccionar salió y habló con una enfermera y los reunió a todos.
Damián miraba con los ojos redondos lo que le decía el médico, no podía entender que hablara de hambre, de que el Marito había tenido un desmayo por hambre. Recordaba que cada mañana la mamá le hacia pan con dulce y le pedía que comiera, porque el desgaste de jugar a la pelota era mucho.
Volvió a su casa preocupado y lo comentó con su papá y charlaron mucho sobre lo que era el deporte, el hambre, el barrio, entonces Damián pensó que tal vez varios de los chicos del equipo podrían estar en las mismas condiciones del Marito.
Durante la semana  anduvo por los negocios del barrio pidiendo un paquete de fideos o manteca para hacer el almuerzo del sábado antes de jugar al fútbol. No quería que ninguno de los chicos del equipo se sintiera mal por el desgaste del partido. A los comerciantes del barrio les gustó la actitud de Damián, ya que el pedido no era una avivada, sino un acto de solidaridad. No sólo le dieron los fideos y la manteca, sino que acercaron algunas frutas y jugo y la panadería que se había comprometido a darles el pan que quedara del día anterior les llevó pan fresco y hasta calentito.
Fue una fiesta y a la tarde se quedaron a ver el partido  alentando a la muchachada del barrio y cuando Damian recuperaba la pelota y encaraba la gente le gritaba
“… dale Damián, corré, esquivalos, no le aflojes, te necesitamos…”
Y Damián llegaba al gol alentado por todo…
El tiempo fue pasando y los sábados fueron días de fiesta para el equipo. El sentir fue tan solidario que comían las familias enteras los “fideos de Damián”, como les gustaba llamarlos.
En el 78 vieron los partidos de la selección todos juntos y Damián se encargaba de organizar las comidas y disfrutar junto a sus vecinos de cada partido, lo veía a Kempes a quien recordaba del mundial 74 y soñaba con ser como él, quien encarara a los equipos extranjeros y llegara al gol y se imaginaba a todo el barrio gritando sus goles agarrados del alambrado del estadio de River.
Luego de un partido se le acercó un hombre y lo invitó a probarse en Boca. Fue tocar el cielo con las manos, comenzó a entrenar y de vez en cuando veía a los jugadores de primera pasar a su lado, recuerda que había uno de la tercera que siempre le preguntaba por los fideos y los cargaba ante el resto diciendo que eran los mejores fideos de la zona los que se hacían en el club del barrio y Damián se sentía orgulloso.
Un día le pidieron que apurara su estado físico que en 15 días iba a ir al banco de la reserva con posibilidades de entrar porque el 9 que había se iba a otro club. La emoción fue tremenda, le contó a los chicos del barrio, todos lo acompañaban a correr, lo peloteaban, le tiraban centro para que anticipara de cabeza, todos trabajaban de entrenadores personales para que estuviera a punto para ese partido.
Dos días antes de su debut, al salir del entrenamiento en la bombonera le confirmaron que sería titular. Estaba tan feliz, se bañó en silencio, pensando, soñando con los ojos abiertos bajo el agua. A la salida desde un auto le ofrecieron llevarlo hasta el barrio y como se negó, bajó un hombre y lo subió zamarreándolo.
Lo llevaron a la Escuela de Mecánica de la Armada, lo tuvieron 3 días sentado en un banco, nadie le hablaba, le daban de comer pan y agua y no le permitían que se durmiera.
El cuarto día vino un oficial y lo llevó a recorrer unos galpones y sótanos… había gente atada, con los ojos vendados, lastimada, sangrando, con claros signos de dolor, chicos de su edad, mujeres, hombres.
Al salir de ahí el oficial le dijo que no olvidara lo que había visto y que se lo contara también a su padre para que supiera lo que tenía que hacer en el taller. Que ahora lo llevarían hasta su barrio nuevamente y que se dejara de joder con las ollas populares de los sábados.
Antes de subir al auto lo miró de frente y le dijo:
“ pibe dejate de joder de confundir pelota con política, sos muy chiquito y no queremos pichones”, después de acariciarle la cabeza le dio un tiro en cada rodilla…
lo tiraron en la canchita de fútbol del barrio…
Hoy Damián es maestro en la escuela que queda a la vuelta de su casa, director técnico del equipo de fútbol y dirige el comedor comunitario del barrio. Cuando van a las marchas, para pedir por mejoras y son reprimidos por la policía, Damián se aferra a sus muletas y los vecino le gritan

“…dale Damián, corré,  esquivalo, no aflojes, te necesitamos…” 

RM

No hay comentarios:

Publicar un comentario